24 marzo 2014

 



“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido.”

"Hace unos treinta años que vivo en este planeta y todavía estoy por oír la primera sílaba de los serios o valiosos consejos de mis mayores, pues no me han dicho nada, o quizá no puedan decirme nada, de utilidad. Aquí está la vida, un experimento, la mayor parte del cual no ha sido realizado todavía por mí; pero no me beneficia en absoluto que otros lo hayan realizado. Si poseo alguna experiencia que considero de valor, puedo asegurar que mis mentores no me dijeron una palabra acerca de ella".

"El hombre que no cree que cada día contiene una hora más temprana, más sagrada y rosada que la que él ya ha profanado, ha desesperado de la vida, y está avanzando por un camino descendente y oscuro".

"Empleemos un día tan premeditadamente como lo hace la naturaleza, y no seamos arrojados del camino por todas las cáscaras de nuez y alas de mosquito que caigan en los carriles. Levantémonos temprano, desayunemos gentilmente y sin perturbaciones; que la compañía venga y vaya, que las campanas tañan, que los niños alboroten, sigamos determinados a hacer de ello un día. ¿Por qué habríamos de someternos y seguir con la corriente?"

"Tuve al menos esta ventaja en mi modo de vivir sobre aquellos que para divertirse están obligados a mirar afuera, hacia la sociedad y el teatro, pues mi vida misma llegó a ser mi diversión y nunca cesó de ser novedosa. Era un drama de muchas escenas y sin ninguna conclusión. Si estuviéramos siempre ganándonos la vida y regulando nuestra vida de acuerdo con la última y mejor forma de vivir que hemos aprendido, nunca nos acosaría el tedio. Sigue a tu genio bien de cerca y no dejará este de mostrarte un panorama nuevo cada hora".
"¿Qué clase de espacio es el que separa a un hombre de sus semejantes y le hace sentirse solitario?"

"Generalmente, la sociedad es demasiado barata. Nos encontramos a intervalos demasiado cortos, sin haber tenido tiempo de adquirir ningún valor nuevo el uno para el otro. Nos encontramos tres veces al día en las comidas y nos damos unos a otros un nuevo bocado de ese queso rancio que somos. Hemos tenido que ponernos de acuerdo sobre una cierta cantidad de reglas llamadas de etiqueta y cortesía para hacer tolerable esta frecuente reunión y que no necesitemos llegar a una guerra declarada. Nos reunimos en el correo o en el mercado o junto al fuego todas las noches; vivimos muy apretados y cada uno se interpone en el camino de los demás y tropezamos los unos con los otros; pienso que así
con mi experimento aprendí al menos que si uno avanza confiado en la dirección de sus ensueños y acomete la vida que se ha imaginado para sí, hallará un éxito inesperado en sus horas comunes. Dejará atrás algunas cosas, cruzará una invisible frontera; unas leyes nuevas, universales y más liberales, principiarán a regir por sí mismas dentro y alrededor de él; o las viejas leyes se expandirán y serán interpretadas en beneficio suyo en un sentido más generoso, y vivirá con el permiso de seres pertenecientes a un orden más elevado. En la proporción en que haga más sencilla su vida, le parecerán menos complicadas las leyes del universo y la soledad no será soledad, ni la pobreza será pobreza..."

"Todo el mundo ha oído el cuento que ha circulado por Nueva Inglaterra, de un escarabajo fuerte y bello que salió de la seca tabla de una vieja mesa de manzano que había estado en la cocina de una granja durante sesenta años, primero en Connecticut y luego en Massachusetts; procedía de un huevo depositado en el manzano cuando este vivía, muchos años antes, como se comprobó al contar las capas anuales de la madera que rodeaba al huevo. Se lo sintió roer hacia afuera durante varias semanas, incubado probablemente por el calor de un samovar. ¿Quién, oyendo esto, no siente fortalecida su fe en la resurrección y en la inmortalidad?"




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